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Ubicada en el condado de Berkshire, en Inglaterra, Holywell City recibe octubre con temperaturas que oscilan entre los 6°C y los 15°C. Se esperan lluvias durante todo el mes, con ocasionales tormentas provenientes del sur. Fuertes ráfagas de viento atraviesan la ciudad de punta a punta, por lo que es recomendado no dejar objetos sin supervisar a la intemperie.
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Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

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Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Holywell City el 29.01.15 18:45

Recuerdo del primer mensaje :

lo que algunos sugirieron

Domingo 26 de Octubre, 2014.
20:00 hs.
Edificio de la Gobernación.

Holywell City recibe el último domingo de octubre con unos grados menos de los esperados, haciendo que la noche parezca más una de invierno que de otoño propiamente. El salón principal del Edificio de la Gobernación es un lugar distinto cuando se prepara para eventos como aquel, y quienes creen conocerlo de memoria tienen que mirarlo dos veces, porque fuera de su look habitual —alejado del papeleo y el movimiento de oficinas— pueden notarse sus estructuras dignas de un edificio datado del 1800. Las arañas de cristal relucen, los músicos tocan las canciones que con tanto esmero han practicado durante días, todo parece perfecto. ¿El motivo de tal celebración? Nada menos que el bicentenario de la fundación de la ciudad que, de hecho, se cumple el 27 de octubre pero que, como todos los años, se espera y se celebra a medianoche.

La invitación a la gala se extendió a todos los ciudadanos, la norma de vestimenta es de etiqueta, y el comportamiento de todos será vigilado para evitar altercados. Eustace Miller, como actual alcalde, dará el discurso conmemorativo y se espera que sus pares políticos hagan alusiones a la fecha. Dada la magnitud del festejo, están habilitados para el evento el salón principal, el vestíbulo y los jardines delanteros del edificio. La noche es joven, la ciudad está de fiesta. El momento es ahora. El lugar es este.
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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Skyler Dankworth el 06.02.15 18:02

Ya había dado por lo menos dos vueltas por el salón, había saludado a antiguos amigos de la escuela, maestros, amigos de sus padres o simplemente personas que conocía o la confundían con alguien más y le daban un caluroso abrazo. El aburrimiento iba aumentando en su cuerpo, era como si el tiempo se decidiera a pasar más y más lento y el estar sola le hiciera sentirlo el doble. “Definitivamente haber venido hasta aquí no era la mejor de las opciones”, pensó; Se había podido quedar sola en casa o haber salido a dar una vuelta fuera de Holywell, pero la verdad es que, en cualquiera de los dos casos, hubiese tenido que soportar a su madre quejándose o regañándola por una semana o quizás más, así que, lo mejor era estar allí un rato más, no mostrar su inconformidad, exhibir una sonrisa enorme entre sus labios y seguir dando vueltas hasta hallar a alguien con quien hablar, bailar o tan solo distraerse hasta que la actividad concluyera.

Pasó cerca de la mesa de bebidas y tomó una copa de algún licor, no tenía idea de cual era el nombre. Miró a ambos lados, asegurándose de no llamar la atención de nadie para, acto seguido, beber todo el contenido de una sola vez. La sensación de ardor en su garganta y el calor que te provoca el alcohol la envolvió, provocando que su boca su curvara un poco hacia el lado derecho a causa de la satisfacción que se apoderaba de ella. Estaba consciente de que para terminar la noche sin querer arrancar la cabeza de Asia de su cuerpo o gritarle a su madre debía “tomar medidas de seguridad” y, ¿Qué sería mejor que un poco de lo-que-fuese-eso-que-acababa-de-beber para ayudarle? Era cierto que hacerlo no iba ayudar a que sus problemas desaparecieran, pero tampoco iba a conseguirlo por medio del agua.

Sin más, se volvió a alejar de allí, no podía darse el lujo de ser atrapada por algún adulto, es decir, aunque técnicamente ya había cumplido la mayoría de edad, necesitaba tres años más de vida para tomar como si no hubiera mañana, así que sería mejor moverse y seguir andando hasta encontrar un rincón en el cual no tuviera que ver la cara de su hermanastra o por lo menos en donde no hubiese demasiadas personas, sin embargo, no caminó muy lejos cuando escuchó una voz familiar saludarle a sus espaldas. “Justo a tiempo, señorita Jones, se dijo a si misma.

No has sido la única; Llevaba un buen rato tratando de encontrar a alguien con quien pasar la noche. –Al escuchar lo que había dicho, soltó una leve risilla… En su cabeza había sonado mejor– Tengo el placer de decir lo mismo de ti, Eleanor. –Le dio un corto abrazo, devolviéndole el gesto– ¿Te has estado divirtiendo? –Preguntó, entretenida–
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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Eleanor S. Jones el 08.02.15 16:43

Eleanor no se sentía especialmente cómoda en aquellos eventos. Podía ver muchos rostros conocidos y no le habría importado acercarse a hablar con cualquiera, pero temía interrumpir conversaciones interesantes o acercarse a gente que no quisiera su compañía. Buscaba a la persona adecuada con quien poder pasar un rato, un minuto o toda la noche. Buscaba a alguien con quien no sentirse incómoda, con quien no sentirse como una intrusa. Fue entonces cuando vio a la muchacha de cabellos oscuros y hermoso vestido rojo. No dudó un segundo antes de acercarse a Skyler porque temía que cualquier otro se le adelantara y tuviera que seguir paseando por aquella sala en completa soledad. El comentario de la adolescente hizo que Ellie también riera puesto que podría entenderse de dos maneras completamente diferentes.

Recordaba a la perfección cómo habían sido sus inicios con ella. Recordaba las horas que pasaba observándola mientras trabajaba en la pastelería por las tardes, intentando saber qué ocultaba y qué escondía. Sí, Eleanor sabía que había algo y quería averiguar qué. Había tardes en las que Sky llegaba triste o de mal humor, aunque nunca habían hablado de los motivos. Cierta tarde fue la muchacha quien decidió hablar con ella, abrirse y contarle todos los problemas que tenía en casa. Ellie no pudo darle demasiados consejos, pero sí se convirtió en un hombro sobre el que llorar cuando lo necesitara o un oído amigo que escuchara cualquier cosa que la preocupara. —Mi vestido no es para tanto, la verdad. —reconoció, aunque tampoco se avergonzaba de ello. Skyler, por otra parte, llevaba uno de los trajes más espectaculares que había visto en el salón. —Lo cierto es que he llegado hace poco. —admitió con una sonrisa. —No sabía si venir o no, pero, al final, aquí me tienes. —añadió en tono alegre. —Ahora, ¿puedes decirme qué hace una muchacha como tú aquí sola? —preguntó. Había visto a varios chicos y chicas de su edad a los que se suponía que conocía. Es más, se había cruzado con Otis en la puerta, a quien había visto más de una vez acompañado por la hermanastra de Skyler, Asia.


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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Corant O. Creamer el 10.02.15 14:36

De entre todas las personas con las que Corant había esperado encontrarse aquella noche, Thea no entraba en ninguna de ellas. Era curioso teniendo en cuenta todas las veces que había esperado tener noticias de la rubia, con escuchar algo o recibir alguna carta, cualquier signo que demostrara que ella estaba con él cuando más la necesitaba, pero no existió. Ahora, tenerla allí, se sentía como una daga en su interior. Siempre pensó que su presencia le ayudaría a sanar aquella herida de su alma no que se sentiría como sal sobre ella. Cuando ya no se vio capaz de mantener esa apariencia fría frente a ella decidió alejarse, no sin antes coger aquella botella que se suponía le ayudaría a pasar la noche. Cualquier otra persona, seguramente, hubiera entendido su marcha como una clara señal de que no deseaba pasar más tiempo con ella, pero no, Thea volvió a su lado ¿por qué hacerlo todo tan difícil? Pero si aquello no era suficiente, su siguiente comentario fue lo que necesitó para que una risa burlona saliera de sus labios antes de beber de la botella. -¿No me esperabas ver aquí? Creo recordar que no fui yo quien se marchó hace 4 años. -2 meses, 3 semanas y 2 días. Aquella fecha se había clavado en su interior como si de un tatuaje se tratara. -Bueno, pues aquí estoy ¿feliz de verme? -Abrió los brazos como si se estuviera exhibiendo ante un jurado para, a continuación, volver a apoyarse en la pared.

Sus ojos se mantuvieron en la mesa porque realmente no sabía donde más mirar. Así fue como decidió mirar su teléfono, quizás así se entretuviera o pensara algo que decir sin volver a sonar como un completo idiota. Un mensaje de Wes le sorprendió, ya hacía varios minutos que lo había recibido pero el  sonido del lugar había eclipsado el del teléfono. Lo leyó y recordó entonces haberlo visto en la fiesta, debió haber conseguido llegar. Iba a bloquear el terminal cuando sus ojos se centraron en la fotografía que tenía como fondo de pantalla: Milari. Recordaba aquel día como si fuera ayer en vez de hace algo más de 5 años. La pequeña niña se había enamorado del tacto de una de las camisetas de Thea, decía que le encantaba lo suave que era, lo que Milari nunca imaginó era que la muchacha aparecería al día siguiente con la camiseta pero esta vez envuelta en papel de regalo para la pequeña. Casi podía escuchar, en aquella sala, los gritos de emoción de su hermana al tocar la camiseta y saber cuál era, así fue que no se detuvo hasta que le hizo aquella fotografía, aquella que miraría cada noche para apaciguar el dolor. -Creo que esa camiseta fue el mejor regalo que recibió nunca en su vida. Se tiró una semana sin quitársela. - No sabía si hablaba hacia la rubia o hacia él mismo pero su tono de voz se mostraba apagado, resignado, no a la ofensiva para había sucedido en las ocasiones anteriores. Por unos segundos no sintió nada, pero como si del ojo de un huracán se tratara, todo volvió a él de forma intensa. Su respiración se aceleró y decidió beber rápidamente de la botella, solo se detuvo para volver a hablar a la chica. -Disfruta de la fiesta y, no me sigas más ¿de acuerdo? Joder, sé responsable de tus actos de una maldita vez.- Y sin mirar atrás se alejó de la pared y de la joven que se encontraba apoyada él.

Estaba en mitad de la sala cuando una figura alta masculina llamó su atención, lo conocía demasiado bien, y a su lado una chica delgada que también reconoció, Wes y Maggie. Caminó hacia allí, aún con botella en mano, y los asaltó. Sí, podía llamarse así ya que se metió entre los dos pasando un brazo por encima de ambos. -Mi rubio favorito. - Habló mirando hacia Wes para luego dirigir su mirada a la morena. -Y la exquisita Maggie Blythe. - Le dedicó una amplia sonrisa a ambos, más causada por esa falsa felicidad que el alcohol tendía a ofrecerle y es que Corant había dejado de ser feliz hace mucho. -Voy a robarte a este sexy rubio un momento, prometo no seducirtelo.- Y tras guiñarle un ojo apartó el brazo de los hombros de la morena y arrastró unos pasos a su amigo. -Hermano, esta fiesta es un muermo.- Un suspiro acompañó a sus palabras. -Pero aquí está el tío Corant para animarla un poco. - Una sonrisa de orgullo se formó en sus comisuras mientras sacaba de su bolsillo dos pastillas de un color anaranjado y las colocaba en la palma del joven. -No tengo ni idea de qué son o de lo que hacen pero me dijeron que son increíbles. ¿Qué me dices? Quizás te venga bien soltarte un poco. - Levantó las cejas hacia su amigo para luego mirara a Maggie dejando claro su mensaje. A pesar de eso sabía qué mirada le daría su amigo, se las había dado las suficientes veces durante los pasados años por lo que ya sabía adelantarse. Sí, sin duda ahora vendría esa mirada de papá oso, esa que mostraba que sabía que el moreno iba a pasarse aquella noche, que las copas de alcohol aumentarían y solo buscaba perder el sentido. Su rostro se relajó de aquella manera que solo hacía cuando hablaba en serio, o mejor dicho, cuando hablaba en serio con el rubio. -Hoy no, ¿de acuerdo? Solo, hoy déjalo pasar. Déjame disfrutar de esta fiesta de mierda y olvidar. - Instintivamente giró el rostro en busca de Thea y permitió que se mantuviera en ella durante unos segundos antes de mirar hacia la mano del chico. -Bueno, pues si tu no quieres disfrutar, yo pienso hacerlo. - Y con esas palabras soltó al chico cogiendo una de las pastillas y tragándosela con ayuda del alcohol de la botella. -¿¡Y esta fiesta cuando comienza?! - Preguntó en voz alta, tratando de escucharse por encima de la música, cosa que hizo que algunos invitados se giraran para mirarlo, claramente no contentos con su actitud. Sinceramente, a Corant no podía importarle menos.





There is no sweeter innocence than our gentle sin
In the madness and soil of that sad earthly scene

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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Anthea E. Olson el 11.02.15 19:41

Tras años de esconder su verdadero rostro. Tras cuatro años perfeccionando el arte de la mentira para convencer a todo el mundo de que no era más que otra muchacha feliz y con suerte. Había hecho que todos creyeran que tenía unos padres que la adoraban pero que vivían en la otra punta del mundo. Había conseguido engañarlos a todos, incluso, en ocasiones, a sí misma, y en el instante en que le vio todo se vino abajo. Creyó ser capaz de mantener la compostura y se propuso no seguirle, pero fue incapaz de no hacerlo. No sabía qué decir o qué hacer. Era como si hubieran retrocedido más de cuatro años en el tiempo y volviera a ser aquella adolescente insegura que se pasaba el día en casa del moreno porque la suya era un infierno al que no quería regresar. Sí, ella se había marchado, pero él no quiso huir con ella. Por supuesto, ni siquiera se planteó hacer tal acusación porque tampoco quería montar una escena allí mismo ni se creía en la posición de poder reprocharle tal cosa. Se sentía avergonzada, algo nuevo estando con él porque estando junto a Corant jamás había experimentado tal sentimiento. Él siempre había sido ese pequeño lugar en el mundo donde podía refugiarse cuando todo estuviera mal. Obviamente, era una ilusa al pensar que podría seguir siendo así.

La Thea que había vuelto a Holywell era una chica divertida, espontánea, risueña y habladora, cosa que no podía apreciarse en aquel momento. Ni siquiera el vestido elegante, el maquillaje o los tacones ayudaban a que se sintiera segura de sí misma. Estaba a punto de marcharse para buscar a la pelirroja cuando escuchó que él volvía a hablar. Sus ojos claros fueron a parar a aquella fotografía. Recordó el momento en que, buscando noticias sobre su propio padre, se encontró con lo sucedido a Milari. Estuvo a punto de llamarle y todavía en ese momento no sabía por qué no lo había hecho. Tal vez habría sido el momento para que los dos empezaran de cero, juntos. Nunca lo sabría. La comisura derecha de sus labios se alzó mínimamente. Thea no tenía demasiado, pero no dudó un segundo antes de regalarle la camiseta a la pequeña. —Cory, yo... —su voz sono insegura, en un murmullo bajo que ni siquiera ella fue capaz de escuchar. Intentaba buscar las palabras mágicas que podían arreglar aquella situación, pero no dio con ellas, tal vez, porque no existían. ¿Qué podía decir para arreglar algo que llevaba roto tanto tiempo? Incluso pronunciar su nombre se le hizo extraño. Tan pronto como la tranquilidad llegó, se esfumó y en esa ocasión Thea decidió no seguirle.

Vio cómo Corant se dirigía hacia Maggie y Wes, dos antiguos compañeros de instituto, pero intentó no prestar demasiada atención a lo que sucedía. Se centró en la copa que sostenía en su mano, temblorosa. Probablemente la mejor idea posible fuera marcharse a casa, ponerse el pijama e intentar dormir para olvidar lo sucedido. Huir. Sí, esa parecía ser siempre su respuesta a todo. Casi cómo si estuvieran conectados, su mirada se encontró con la de Corant, aunque fue Thea quien la apartó primero. Necesitaba un cigarrillo o una copa de algo más fuerte que lo que tenía en la mano. La voz del moreno volvió a llamar su atención, suponiendo que aquello no traería nada bueno. Fue entonces cuando reconoció aquella melena pelirroja entre la multitud y recordó que todavía no había hablado con Anya. No sabía cuánto tiempo más se quedaría en aquella fiesta, pero no podía marcharse sin saludar a su amiga. Escapando de Corant, de su mirada y de sus palabras, caminó entre la gente hasta llegar junto a Annie. —He llegado justo al final, pero has estado magnífica. —halagó, forzándose a mostrar una de sus amplias y joviales sonrisas. —Y estás preciosa, por supuesto. —afirmó.


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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Anya L. Treadaway el 11.02.15 21:59

La facilidad con la que tocaba el violín era increíble y todo se resumía a que era algo que estaba en sus venas, dentro de ella por más que se hubiera negado un buen tiempo a dejar salir sus emociones mediante ese instrumento, o el piano, cualquiera de los dos le transmitía el mismo amor por la vida, el sentimiento de que las cosas podían cambiar pero que siempre iban a terminar saliendo bien, el sentido que sus mismos padres le habían dado tocando toda su vida en las calles de toda Inglaterra y de cualquier local que quisiera escucharlos. Era el reflejo de Kirby, de la hermosa Kirby Carver, su melena rojiza despeinada presente en su hija con un par de ojos chocolate que había sido la única herencia que su padre le pudo dejar a Anya ya que de resto el reflejo de patriarca era su pequeño hijo Pyter, siempre inquieto, siempre pendiente de las ciencias, de los aconteceres, un chico que guardaba las tonadas solo para cuando realmente fuera necesario y se sintiera a punto de explotar.

Ver a su hermano era todo lo que necesitaba para estar bien, cuando terminó de tocar, la magia se fue sumiéndose en un frío profundo, por fortuna Pyter estaba ahí y ella pudo abrazarlo sin decir nada, resguardándose en su hermano y rodeando su cuello con sus manos. Estaba muy guapo, realmente se veía especial a lo que ella acostumbraba a ver como un chico de camisas de cuadros y gafas grandes que poco dormía entre el trabajo y sus estudios. —Estas perfecto, Pyter—. La pelirroja asintió, él estaba nervioso y ella se quedó en donde estaba, lugar que le proporcionaba una mejor vista, para apoyar a su hermano así fuera en silencio, estaba segura de que lo haría bien, Pyt era bueno y ella lo escuchaba incluso cuando él pensaba que su hermanita estaba dormida. No tardó mucho en darse cuenta de cuan certeros fueron sus pensamientos, su hermano lo hizo excelente, como nunca, incluso los ojos de Anya se nublaron cuando reconoció una de las tonadas que su padre le explicaba a Pyter meticulosamente cuando la madre no estaba en casa. Las lagrimas no brotaron y Annie fue lo suficientemente hábil para no dejar que lo hicieran. Cuando el chico bajó ella aplaudió y volvió a abrazarlo, el castaño le dijo que iría al baño y que no quería estar mucho tiempo, que si se podían ir a la casa a ver películas. La chica no pudo negarle nada, después de todo él estaba ahí por ella y quizás la pasaran mejor en su casa sin tanto lujo ni vestido, ni tacones. Quería regresarse a despedirse o buscar a Cory, sabía que mezclar a su hermano con su amigo no era una buena idea así que supuso que le pasaría un mensaje para saber si estaba bien al llegar a su casa.

Anya estaba esperando a un lado de la tarima, más bien tras bastidores a una distancia considerable de la salida trasera, mientras revisaba su móvil con la esperanza de tener algún mensaje del chico y que este no se hubiera perdido de la manera en la que ella lo encontró hacía tiempo; con la bebida y quien sabe que otra cosa, tenía que dejar de preocuparse tanto, para ella Corant había mejorado. Un rostro brillante bajo un vestido blanco que ya había visto se acercó y la sonrisa de Anya se amplió borrando cualquier rasgo de preocupación, era Anthea. —¡Thea!—. Sabía que tarde o temprano la iba a volver a encontrar. Luego de que su amiga hablara, Annie le dio un fuerte abrazo. —Gracias, me alegra escucharlo de ti, tu también estas muy guapa—. Comenta al separarse y ver las prendas que habían escogido. Anya gira a ver si su hermano viene, quizás hasta la estuviera esperando, sabía que ese no era el sitio al que pertenecía Pyter y mucho menos ella. —Mi hermano tocó el piano, Pyter, del que tanto te he hablado, solo que no quiere estar acá, ya sabes…—. Annie tuerce la boca sabiendo que la rubia va a entender todo lo demás que ella no quiere decir. —Creo que nos vamos a casa a ver algunas películas, no quiero irme pero…—. Hasta ahora Anya había hablado sin parar y no creía correcto comentar el drama de su amigo Cory frente a Anthea, menos cuando estaría hablando de un perfecto desconocido. Cuando la chica dejó de mover la mirada y sus manos se fijó en Thea, parecía pálida y algo preocupada, enseguida todos los sentidos de Annie se activaron. —Thea, ¿estás bien?, escucha, Pyter y yo nos vamos a casa, puedes quedarte con nosotros, tomaremos un taxi y veremos algunas películas, vivimos con una chica, Roddie, seguro su ropa te queda y…—. A lo lejos escucha el grito de Pyter, definitivamente la había estado esperando y ella no se había dado cuenta. Toma la mano de su amiga pero sin fuerza, sabiendo que era elección suya. —No te veo… no te veo bien, ¿no quieres venir?—. A todas estas tiene que alzar la voz ya que su ubicación más los planificadores que pasaban talentos a cada rato le complicaba más que incluso estar en el medio de todos.


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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por H. Jackie Gallagher el 13.02.15 17:31

Levanté la mirada sin poder evitarlo al escuchar a Otis reír, sonriendo sin apenas darme cuenta y sonriendo más aún cuando me agarró de la mano para llevarme bajo la farola. — Hala, pues es verdad, eres un pingüino verde. — confirmé con una risa, observando la manga que me enseñaba y sin soltarle aún la mano. Por alguna razón aquello no me parecía lo correcto, fíjate tú. Asentí y levanté la mirada para poder verlo, y debo decir que ver a Otis sonrojado no era algo novedoso, pero de repente era adorable y necesario en esta vida para cualquier persona. Porque lo digo yo, porque estaba muy guapo y porque se me iba a escapar una cascada de palabras sin coherencia ninguna entre ellas si seguía mirando a Otis y a su traje verde oscuro y su pelo rubio y sus ojos azules y en lo alto que era y en su sonrisa y me cago en la puta. Había bajado la mirada, pero al oír lo que dijo la levanté otra vez y sonreí, ahora yo sintiendo el color subir a mis mejillas con rapidez. Estás muy bonita. Dios mío, se me iba a salir el corazón del pecho, de repente me sentía como una niña de quince años hablando con su crush en el pasillo, ¿pero qué demonios...? — Gracias. — contesté, bajando la mirada al vestido granate y luego a nuestras manos entre ambos. Otis habló otra vez, y parecía que estaba dispuesto a que el premio al sonrojo más evidente fuese para mí y no para él, que estaba ya bastante colorado.

Solté una risa bajando la mirada otra vez, abrumada por aquel comentario, y negué con la cabeza, tragando saliva y volviendo a mirarle con una sonira. — Tú estás... — y ahí estaba otra vez, el problema de qué decirle a tu mejor amigo cuando quieres que oiga un buen cumplido, sabiendo que en realidad querrías rodearlo por el cuello y ponerte de puntillas para poder besarlo. — ...estás muy guapo, Fitz. — le sonreí, siendo sincera al cien por cien, porque Otis estaba muy guapo, fuera coñas  y pingüinos verdes, Otis estaba que tan guapo me iba a dar algo, joder. — Osea, que... qu-que siempre estás guapo y eso, pero es que el verde te sienta bien, y... eso. — solté una risa y le miré, queriendo disculparme por aquel comportamiento que era evidentemente ajeno a mi persona en mi día a día. Vamos, que yo no tengo quince años y no tengo la taquilla llena de fotos suyas ni voy a animarle a los partidos -porque no juega, y aún así voy-. Solté un suspiro y asentí, mirando también hacia la puerta y después hacia Otis otra vez. — Dios, sí, me muero de sed. — solté un gruñidito y cuando comencé a caminar me di cuenta de que aún tenía la mano de Otis entrelazada a la mía. Paré de caminar y la solté despacio, mirándolo con una sonrisa apologética otra vez.Perdona. — a esto habíamos llegado. ¿Cuándo había tenido que pedirle perdón a mi mejor amigo por agarrarle la mano? ¡Jamás! A veces se ponía nervioso y bueno, vale, tal vez era raro, pero yo siempre me sentía muy touchy touchy con todo el mundo, qué le voy a hacer. Empecé a caminar otra vez hacia la puerta, colocándome un mechón de pelo tras la oreja y bajando la mirada un poco.


i'm a mess
And though I've known it for the longest time and all my hope, all my words are all over written on the signs. But you’re my road walking me home.

Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Grace Aldridge el 16.02.15 19:00

Dar vueltas por la sala con una copa de champaña en la mano por ya casi veinte minutos podría ser aburrido para muchas personas. Pero a Grace le gustaba, porque era quizás la única oportunidad que tenía para echar un vistazo a los habitantes de Holywell City y convencerlos personalmente de que su ideología  no era sólo mejor, sino también lo que la ciudad necesitaba.

Se acercó a la mesa de las bebidas para dejar su copa ya vacía, y saludó con una sonrisa a dos jóvenes que casualmente estaban ahí y parecían hablar sobre su vestimenta [Skyler y Eleanor]. — Buenas noches —, y siguió caminando sin rumbo, para no molestar. Escuchó un quejido acerca de la fiesta y giró la cabeza para ver al culpable. ¿Es que Fairchild no podía mantener a sus invitados bajo control? Lo miró con una ceja alzada y desaprobación, antes de dar unos pasos más, acercándose al escenario. Saludó a unas cuantas personas más con la cabeza, incluido a su colega encargado de la organización. Ver a Laurence le hizo pensar en Bernard, ¿ya habría llegado? No es que estuviese interesada en su puntualidad, pero por supuesto que quedaría mejor ella al llegar primero, y no lo había visto por ningún lado. No lo había visto o quería no verlo, era difícil decir.

NOTA: ¡Esta es tu oportunidad! Acércate a Grace Aldridge, hazte un nombre con ella, quién sabe si no te será útil en un futuro.
   
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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por E. Otis Fitzgerald el 17.02.15 17:58

Otis no notó lo roja que su amiga estaba, y si lo hizo entonces se convenció de que era un ilusión, o las farolas, o que quizás le hacía calor, porque era imposible que él hubiera sido el responsable. ¿Cuantas veces le había dicho que se veía bonita? No tuvo que pensarlo mucho, porque se dio cuenta de que muy pocas veces lo había hecho, y podía contarlas con sólo un dedo de la mano. Por supuesto que él creía que era hermosa, y siempre que la veía lo pensaba, pero no se lo decía nunca. Porque era raro, y se supone que los amigos no pensaban en esas cosas. Le mostró una sonrisa pequeña y sin dientes en cuanto le agradeció y miró al piso.

Que ella le dijera que estaba guapo le hizo levantar la mirada y encogerse de hombros. Al traje no lo había escogido él, ni siquiera era suyo, pero estaba feliz de que a su amiga le gustara — Gracias —. En cuanto empezó su explicación el rubio coloró de nuevo. «Osea que siempre estás guapo y eso, pero es que el verde te sienta bien, y eso». Pues si prestabas un poquito de atención era posible escuchar el corazón de Otis dando saltos mortales, y ella decía aquello así tan pancha. Bueno, en realidad no había sonado panchísima, pero el rubio así lo había escuchado. — Gracias — repitió de nuevo con la mirada en el piso y se aclaró la garganta. La siguió asintiendo en cuanto empezó a dirigirse hacia la puerta con una pequeña sonrisa, hasta que paró y le soltó la mano. No supo por qué lo hizo, y no se lo preguntaría porque una parte de él no quería saberlo. Se la pasó por el lado del saco y caminó detrás de su amiga, sin saber si apoyarla sobre su hombro o ponerse a su lado y agarrarla de la cintura.

En cuanto estuvo adentro —solo, porque así entró—, miró alrededor con cara de preocupación. No le parecía buena idea quedarse y mucho menos con Jackie, que parecía querer perderlo en cualquier momento. Se fijó en la gente que ya había, que era bastante, y entre ellos divisó a Lincoln a lo lejos, cerca del escenario. Le veía sólo la espalda, pero era suficiente para saber que era él. Además de que Asia tocaba esa noche, y seguro estaba ahí por ella. También vio a Wes con Maggie y otro chico, al que ubicaba como Cory, a la hermanastra de Asia, Skyler, con una chica que creía haber visto en Cupcake Lovers bastante seguido. Y podía seguir nombrando, pero al fin y al cabo sus ojos volvieron a Jackie, que era lo más importante esa noche. Empezó a sentir calor y aunque apenas había llegado, ya quería volver a casa. Buscó la mesa de las bebidas y se la señaló a la rubia con la cabeza. Quería irse, pero Jacques le había dicho que estaba sedienta, así que la acompañaría un rato antes de marcharse. Qué caballero.


*doesn't understand shit*
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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Anthea E. Olson el 18.02.15 18:57

Había esperado casi cualquier cosa de aquella noche y había intentado prepararse psicológicamente para ello. Sabía que podría encontrarse con antiguos conocidos que no dudarían en hacerle un millón de preguntas y tenía las respuestas perfectas preparadas en su mente, pero jamás podría haber estado preparada para encontrarse con Cory. No había pensado que esa pudiera ser una posibilidad y en ese momento se sentía estúpida, además de completamente fuera de lugar. Sentía cómo aquella fiesta le venía demasiado grande. Preferiría haberse quedado en casa, comiendo pizza y viendo una película. Se sentía ridícula con aquellas prendas que no reflejaban para nada su verdadera personalidad. Sentía que no era más que una cría insegura jugando a ser quien no era, disfrazándose con trajes elegantes y subiéndose a altísimos tacones. Antes de que el agobio se apoderase de ella, impidiendo que se moviera, buscó a Anya entre toda aquella gente, sabiendo que no sería dificil encontrar la pelirroja melena de su amiga.

No tardó en encontrarla y acercarse a ella. A pesar de que el abrazo de la chica no fue más que un simple modo de saludarse, Thea lo encontró realmente reconfortante. Era agradable saber que por lo menos había una persona que apreciaba su presencia. Corresponde su sonrisa, forzandose a actuar con normalidad aunque deberia saber que la muchacha se daria cuenta de su escaso entusiasmo. —Él también ha estado maravilloso. —aseguró. Había oído hablar de Pyter en multitud de ocasiones, pero nunca había podido ponerle rostro hasta esa noche. Era casi imposible borrar la suave sonrisa que se había dibujado en sus labios. La incesante charla de Anya tenía ese efecto en ella. —¿Qué? ¡Oh, sí! Estoy bien, es solo que hay demasiada gente y creo que necesito algo de aire fresco... —explicó, buscando tranquilizar a la chica. La voz del hermano mayor de Anya llamó la atención de las dos jóvenes. Anthea todavía miraba en su dirección cuando sintió el suave contacto de su amiga. Tal vez fuera buena idea. Tal vez sería mejor salir de allí antes de que todo escapara de su control. Se mordió el labio inferior suavemente. —No quiero molestaros... —musitó, en voz baja. Anthea era, normalmente, todo vitalidad y sonrisas, pero esa noche su luz se había apagado.

Sus ojos pasearon una vez más por la multitud, de manera discreta. Buscaba a Corant, pero no le veía y tal vez fuera mejor. —He venido en coche, así que no hace falta que llamemos a un taxi. —dijo, al fin, tomando la decisión que parecía más acertada. Apenas había bebido un par de copas, así que no iba a tener ningún problema a la hora de conducir. —Podemos parar por el camino para comprar algo de comer, si queréis. —ofreció y, esta vez sí, se esforzó porque la sonrisa le llegara a los ojos. —Será mejor que vayamos. No quiero que tu hermano me odie antes de que nos presentes de manera oficial. —rió y tiró suavemente de la mano para encaminarse hacia donde Pyter se encontraba.


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Re: Noche uno de tres: lo que algunos sugirieron.

Mensaje por Eustace Miller el 22.02.15 1:59

Eustace Miller caminaba con la ayuda de su bastón, objeto que no era necesario debido a su edad sino a una herida en la pierna izquierda, herida que llevaba nada menos que veinte años allí y que se negaba a sanar. Saludó a muchas personas, a todos los que querían estrechar la mano del alcalde. Pero si hubo alguien con quien habló, ese fue Laurence Fairchild, a quien felicitó por haber logrado organizar el evento de magnífica manera. Después continuó dando vueltas, aceptando eventualmente las bebidas que le ofrecían y degustando los distintos bocadillos. Era cerca de medianoche cuando le dijeron que le tocaba subir a hablar. El discurso. El que había cambiado más de cinco veces, porque lo que le recomendaban que dijera no le agradaba. Era un hombre del ejército, al fin y al cabo, y le gustaban las cosas claras y directas. No la falsa propaganda. Eustace se movilizó hasta el escenario, tomándole, como siempre, algo de tiempo el subir los escalones.

Gracias, gracias. — fue su respuesta a los aplausos que siguieron a su presentación. Se apoyó sobre su bastón, paseando la vista entre los presentes. — Estamos aquí reunidos para celebrar nada menos que el cumpleaños número doscientos de nuestra querida Holywell City. — comenzó. No leía de un papel, pues a su parecer no había cosa más detestable. Tampoco lo había memorizado, no. Decía lo que pensaba, como siempre. Como el día en que apartó a su hija del cargo por la vergüenza que había llevado a los Miller. Mismo día en el que se hizo alcalde, siendo su reemplazante. — Desde el día de su nacimiento, la ciudad se ha visto marcada por la política en formas que no hacen falta ser recordadas a aquellos que se molestaron en prestar atención en las clases de historia. Y a los que vienen de fuera, sólo puedo decirles que no estamos orgullosos de su pasado. — movió los dedos con los que sujetaba el bastón, haciendo una pausa y mirando a los que estaban presentes. — Leavold, Hansen, Farrimond, Miller. Son los nombres de nuestros fundadores, hombres y mujeres que se volcaron desde el primer minuto a buscar el bien de la ciudad. Hombres y mujeres, — dijo, en alusión a Bernard Johnson y Grace Aldridge, y quienes los seguían. — que aún hoy continúan buscando... ese bien. Como sabrán, las elecciones para la alcaldía están próximas, muy próximas. Y es por eso, ciudadanos y ciudadanas de Holywell City, que los llamo a hacer la mejor decisión. Piensen con ciudado, presiento que tiempos revoltosos se aproximan, los mismos que se hacen presentes cada vez que hay elecciones. Evitemos las disputas, gane quien gane. Que la voz de Holywell se haga presente y decida, y todos acatemos su decisión, porque es lo correcto. — hizo otra pausa. — Es de mi pesar comunicarles hoy que, una vez electo nuestro próximo alcalde, me marcharé al norte de nuestro amado país, de manera definitiva. Son los años, que no muchos pero pesados, — se atrevió a decir con una sonrisa pícara. — los que me obligan a tomar esta decisión. Así que espero, de todo corazón, que tengan en su buena voluntad el evitar las trifulcas y, por el contrario, favorecer el orden. Que nuestra querida Holywell cumpla muchos años más es hoy mi deseo, y quedará en manos de ustedes verlo cumplido. Muchas gracias. — tras decir eso alzó su copa para el brindis, obligándose a sonreír.
   
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