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Anthea E. Olson — ID

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Anthea E. Olson — ID

Mensaje por Anthea E. Olson el 31.01.15 10:22



OLSON, ANTHEA
FRIDA GUSTAVSSON




NOMBRE COMPLETO: Anthea Elizabeth Olson.
APODOS: Thea.
EDAD: 22 años.
ORIENTACIÓN SEXUAL: Heterosexual.
OCUPACIÓN: Camarera en Jenkin's Pub e imparte un taller de Fotografía en el instituto, después de las clases.
IDEOLOGÍA: Farrimond.

DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA
Am I just a lost soul, blowing in the wind, or a coward, scared to look within?
Anthea es la imagen perfecta. La sonrisa encantadora y la mirada limpia y calmada que ocultan el mayor de los sufrimientos. La rubia oculta un millón de secretos tras su apariencia tranquila y sosegada, aunque los pocos que la conocen bien saben que no es oro todo lo que reluce. Thea tiene ese lado oscuro que sólo los que han sufrido más de la cuenta pueden llegar a poseer, igual que sus sonrisas genuinas llegan a brillar más que las de cualquiera. Camina con paso firme y seguro para ocultar su miedo a caer de nuevo. Ataca antes de ser atacada, aunque siempre con palabras y nunca con golpes. Las pesadillas acuden a ella cada noche, como si su subconsciente buscara que no se olvidase de su pasado. Recuerda fragmentos de su vida que preferiría ser capaz de ignorar y se aferra a los escasos momentos felices que atesora, aunque incluso ellos se han visto perjudicados por la oscuridad. Thea aparenta ser perfecta cuando no es más que una muñeca rota que cualquiera podría terminar de destrozar con la palabra adecuada. Sus sonrisas ocultan las lágrimas derramadas, igual que sus palabras alegres son el modo perfecto de evitar que los demás pregunten demasiado.

No es una persona especialmente cariñosa, aunque tampoco distante. Acostumbra a quedarse callada cuando está en un gran grupo, aunque en las distancias cortas, si tiene la suficiente confianza, puede estar hablando durante horas. Afirma no necesitar a nadie y ser completamente independiente, aunque lo cierto es que pocas personas habrá más inseguras y asustadizas que ella. Es un ser extraño, temerosa en situaciones que para cualquiera serían normales y atrevida hasta el punto de rozar la temeridad en muchas otras. Anthea tiene cierto miedo al contacto físico con aquellos a los que no conoce, aunque después no dudará en poner su propia vida en peligro por cualquier estupidez. Pocas veces se ha sentido valorada y por esa misma razón su autoestima está por los suelos. Jamás tuvo el amor incondicional de sus padres y se ha sentido querida muy pocas veces en la vida.

Desconfiada. Las palabras no sirven con ella puesto que ha escuchado suficientes promesas a lo largo de sus veintidós años como para saber que la mayoría de ellas siempre terminan siendo incumplidas. Solitaria. Siempre ha preferido pasar tiempo consigo misma a estar rodeada de gente, hecho que puede resultar contradictorio puesto que le gustan las fiestas multitudinarias, aunque el resultado es casi el mismo puesto que la música a todo volumen hace imposible cualquier tidpo de conversación. No se considera una mentirosa, aunque lo cierto es que la historia que cuenta sobre su vida no se parece en nada a la realidad. Obviamente, la chica perfecta que pretende ser no puede venir de un hogar desestructurado. Mantener esa fachada será más complicado ahora que vuelve a Holywell, aunque todavía no sabe cuál es el motivo que la ha empujado a regresar. El pequeño lugar en el que creció no le trae más que recuerdos tétricos que preferiría olvidar, pero también fue allí donde creyó poder ser feliz. Todo en Thea es una especie de contradicción y esto no iba a ser diferente.

BIOGRAFÍA PERSONAL

La vida de Anthea comenzó de un modo precipitado e inesperado. Su madre no era más que una cría de dieciséis años cuando se quedó embarazada del que había sido su novio durante dos meses. Tras dudas, discusiones y conflictos familiares, decidieron seguir adelante. Él, Peter, era mayor de edad y decidió llevarse a Amber lejos de sus padres, de su familia, de sus amigos y de todos aquellos que juzgaron su situación. Creían amarse, pero no tardarían en darse cuenta de que no era así. Tener un hijo cuando no eres más que un crío puede parecer bonito en esas películas en las que, al final, todo termina saliendo bien, pero la realidad es muy diferente. La joven pareja llegó a Holywell, pensando que en un lugar pequeño y tranquilo como aquel y, sobre todo, donde no les conocían, podrían comenzar una vida juntos, lejos de los juicios de la gente. Amber tomó la decisión de estudiar en casa y presentarse en el instituto para realizar los exámenes y terminar, al menos, sus estudios, pero pronto vio que el embarazo y el nacimiento de Anthea acapararían todo su tiempo. Peter, por su parte, encontró un trabajo precario en el supermercado que, por lo menos, llegaba para pagar el alquiler de la diminuta casa en la que vivían y comprar algo de comida y todo lo que Thea necesitaba. No, nadie les había dicho que criar un niño fuera a ser tan caro y costar tantísimo esfuerzo.

Los gritos y las peleas comenzaron pronto. No dejaban de ser dos críos a cargo de un bebé. Anthea era una niña sana y fuerte, no lloraba demasiado, pero cuando su llanto despertaba a sus padres, las voces de estos despertaban a sus vecinos. Fue así como conocieron a la señora Carlson, una mujer de mediana edad, madre de tres hijos que ya habían abandonado el nido para ir a estudiar a la universidad. Era ella quien se ocupaba de cuidar a Thea -y a Amber- de vez en cuando, apiadándose de aquella adolescente de aspecto cansado. Thea fue creciendo como una niña relativamente feliz, aunque cuando empezó al colegio se dio cuenta de que la situación que vivía en su casa no era la habitual. Los padres del resto de niños eran mayores que los suyos, sí, pero eso no fue lo más llamativo para ella. ¡No se gritaban! ¡Ni discutían! La situación en casa fue empeorando a lo largo de los años, aunque Thea creía que siempre había sido así, lo único que ella no había sido lo suficientemente consciente como para darse cuenta de ello.

Todos los padres temen la llegada de la adolescencia, pero los suyos estaban demasiado ocupados con sus propias vidas como para fijarse en ella. Peter había empezado a beber y Amber a llevar a casa a otros hombres, a sabiendas de que él podría estar allí. Era como si la mujer estuviera buscando provocarle de la peor manera. Thea no comprendía nada y fue por eso que comenzó a pasar más tiempo en casa de la señora Carlson y menos en la suya propia. La mujer la ayudaba con los deberes y muchas noches se quedaba allí a dormir. Nunca fue demasiado llamativa en el instituto, ni por su popularidad ni por sus resultados académicos. Thea comía sola casi siempre, no se involucraba en las actividades escolares y tampoco tenía demasiada vida social. Jamás invitó a un compañero a su casa, avergonzada del entorno en que vivía. A los diecisiete, sin embargo, llegó el cambio y éste tenía nombre propio: Corant. Thea dejó de pasar tiempo en casa de la señora Carlson para estar con él. La rubia que jamás había creído ser merecedora del amor y el cariño de nadie encontró en el chico eso que muchos llaman alma gemela. La vida de Anthea era un desastre y él fue el primero que pudo verlo con sus propios ojos una tarde que fue a buscarla a casa por sorpresa. Un padre alcohólico, una madre completamente descarriada, gritos y golpes que, afortunadamente, ella nunca había recibido. Él fue su refugio durante un año entero. Había días en los que no hacían nada en especial, sólo se quedaban en casa del chico cuidando de la pequeña Milari, a quien Anthea adoraba.

Poco después de cumplir los dieciocho sería cuando el mundo de la rubia terminaría por quebrarse del todo. Fue a casa a coger un par de cosas puesto que había quedado con Corant y cuando entró, en vez del escándalo habitual, la recibió el silencio más sepulcral. Algo no iba bien. Llamó a su madre, buscándola, hasta dar con ella en el suelo de la cocina. Todavía recuerda perfectamente la visión de la mujer, con los ojos todavía abiertos, sobre aquel charco de sangre. Retrocedió el camino andado y salió de casa, echando a correr sin un rumbo fijo aparente, aunque sabía perfectamente dónde iba. Iba a buscarle a él. No podía quedarse en aquella casa, ni en aquel pueblo puesto que sabía que ahora que había terminado con Amber ella sería la siguiente. Los insultos ya habían comenzado meses atrás, cuando Thea comenzó a abrirse al mundo y a vestir como el resto de adolescentes. Le pidió que se fuera con ella, pero la presencia de una hermana menor se lo impedía. Lo comprendió, pero ella no podía quedarse en Holywell, así que se despidió de Corant sin intención de volver.

Esa misma noche se subió en un autobús, rumbo a Londres, y allí permaneció un año, trabajando como camarera y tomando clases de fotografía. Fue allí donde se reinventó, dejando atrás a la Thea rota para convertirla en una joven segura de sí misma, tranquila, una muchacha sin problemas y con una vida perfecta y unos padres que la querían y esperaban que fuera a visitarlos pronto. Creó una historia que contar a todos aquellos desconocidos, historia que éstos creyeron. Tras un año en Londres se trasladó a Nueva York y allí ha estado viviendo hasta ahora que ha regresado a Holywell, un lugar lleno de fantasmas pero que, por mucho que le duela, siempre será su hogar.

OTROS DATOS

— Fuma desde los diecisiete años. Ha intentado dejarlo varias veces sin éxito.
— Su cámara de fotos es una de sus posesiones más preciadas.
— Se mueve por la ciudad en un Volkswagen Beetle antiguo de color amarillo. Lo compró barato antes de regresar desde Estados Unidos y le da demasiados problemas.
— Tiene dos tatuajes: un infinito incompleto como recordatorio de que nada dura para siempre -ni lo bueno ni lo malo- y unos pajaritos que van desde detrás de su oreja hasta la nuca.

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Re: Anthea E. Olson — ID

Mensaje por Anthea E. Olson el 31.01.15 18:56

Todo listo, i think.


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Re: Anthea E. Olson — ID

Mensaje por E. Otis Fitzgerald el 31.01.15 20:21

FICHA ACEPTADA
¡Bienvenida a Holywell City!  


*doesn't understand shit*
yeah... haha
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Re: Anthea E. Olson — ID

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